viernes, 15 de junio de 2007

GRITEN

por nosotros
HACER PARA VIVIR

Si no vamos nos van a seguir matando, decía un pibe de uno de los barrios del movimiento de trabajadores desocupados. Se acercaba otro 26 y nos preparábamos para ir, como todos los meses, al puente Pueyrredón. Después de la Masacre de Avellaneda, fueron esas movilizaciones –masivas, persistentes– las que no permitieron que la represión avanzara. Incluso lo que con el tiempo parecía debilitarse, cuando además la “clase media” y las empresas periodísticas volvían a culpar a los piqueteros de todos los males, siguió con fuerza para alcanzar un poco de justicia, algo raro en esta sociedad acostumbrada a la impunidad.
Antes de Darío y Maxi fueron muchos los asesinados en manifestaciones callejeras. Con sus muertes, los gobernantes querían darnos a todos una lección: es mejor quedarse callados en casa, porque si no…
Después de cinco años, continúa el grito reclamando que los responsables políticos (Eduardo Duhalde, Felipe Solá y sus funcionarios) vayan a la cárcel. Pero hoy también, la misma impunidad nos golpea con la desaparición de Julio López y el fusilamiento de Carlos Fuentealba. De nuevo salir a denunciar, señalar responsabilidades y complicidades; y de nuevo rápidamente las estrategias para encubrir todo con silencio y olvido.
Siempre parece que no se puede hacer nada, que no vale la pena, que las cosas son así, que somos pocos, que ya está perdido. Podemos aprender algo, entonces, de todos aquellos que fueron construyendo de a poco una memoria cotidiana, que no se rindieron, sabiendo que cada vez que salimos a reclamar no lo hacemos sólo por el que murió, sino que lo hacemos por nosotros y por todos los demás. Aunque muchos nos miren con indiferencia o incluso nos pidan que no los “molestemos”. Se trata de ejercer nuestros derechos, seguir el paso constante, sin resignarnos, hasta alcanzar la justicia.
Publicado en el Boletín nº 39 de la Biblioteca Popular Héctor Germán Oesterheld
http://bibliotecaoesterheld.blogspot.com/